2
A tiro de las gaviotas llenas de rabia cargaban las valijas en los trenes marrones y viejos, paisanos ojerosos sin saliva,
se habia formado un tumultuoso jardin de desganos afilados entre el amanecer y la deshonra de nuestras vacilaciones
no ha de perdurar la sangre sobre la piedra ni el amor que de joven se ahorcaba de un cerezo
vestigios del viento que el enamorado guardaba en los bolsillos húmedos del miedo pero que no alcanzan para poblar una calle de sombras,
cuando hemos colmado el cementerio de paseos de domingo de risa y más tarde el silencio, subjuntivo...
como apenas cubriéndose las piernas con la escasa tela de abrigo así el poeta vive un mundo sin escalas.










