NIÑO DILENTANTE
Yo no sabía nada del tiempo,
ni de las furias que nos esperaban,
o del revés del juego que vendría,
pero que aún era lejano,
de la poesía en las cosas leves,
como una novedad misteriosa
que se desprendía lenta en la noche
de una ciudad calurosa,
ni sabía nada de la muerte.
