LA BRISA EN LAS CORTINAS
Tarántulas y ciervos,
en la ventana abierta
delante de los dormidos árboles
de tus placeres de mujer indefinida,
van deconstruyendo la mirada de los vientos
atravesando el pecho y la gloria
imprescindible la belleza de tu frente,
saltando por encima de los laberintos
atravesando las nubes y las sombras
en la turbulencia
del secreto que la pasión nos ha permitido
salvajemente conocer
sin pautas para dejarnos caer
en el olvido
o en otras desventuras
cautivos del presagio
y de lo ciego que resulta el amor
inconcebible en las persianas altas
del centro académico y vacío
bajo el pensamiento presuroso
en la silenciosa mañana
bajo los papeles y las sábanas
hombres y mujeres entre los escritorios
sin misterios
ni tregua repentina
aprender el beso de tus manos
morder tu mentón
mientras el cielo decide
si dará la lluvia o el viento,
entre el resto de las insinuaciones lerdas
y pesadas
la palabra fue quedando empantanada
la imaginación dormida
sometiendo a la inconsciencia
y la clave conjetural de lo que haremos separándonos,
mientras permanecemos juntos
antes de ese momento...
cara a cara,
piernas en símbolos ocultos
bajo el deseo,
que armamos sin medirnos,
y el sol
sobre la puerta
tu mano pide muy suave
que se desate el nudo de la lluvia
y el desvelo.
