BANCOS DE MADERA PINTADOS DE VERDE
Has entrado en la casa como otro fantasma
cargando en tus manos
el rostro de las cosas que no podemos revivir
y ahora guardamos en los cajones
ya no elegimos el color de la ropa
sólo olvidamos las prendas en el patio
o dormidas sobre la escalera de mármol
las nubes no nos avisan lo que hemos perdido
entre los días y los años
sentados en la vereda,
o caminando por los pasillos angostos
bordeados con pequeños cordones
del parque Lezama
en la íntima penumbra de las manos rozándose...
la mirada en la catedral
de los olvidos,
el museo que miente tras las rejas,
la ortodoxa de enfrente y su color azul,
la humedad saboreando los bancos de madera
pintados de verde
sobre el gris y el tajo de la última hora de la tarde
asomando en tu boca,
que sube desde el riachuelo
hasta las rodillas del monumento
el silencio embebido en alquitrán
y tu amor breve,
frente a la muerte
socavándonos el alma y la piel
desvistiendo el instante
al tiempo de tu miedo circulando entre nosotros
otra vez la noche,
las falsedades,
las estatuas infames
el agua que de a poco nos arrastra
nos dominará mañana
dentro de la forma de paisajes en fotos manchadas
por el tiempo
admitámoslo el juramento ya no sirve
entre los cuerpos sin música,
bajo un misterioso mediodía
los árboles van besando
la frontera de la vida
tu voz se pierde en el bajo
entre las calles vacías
de nuestro barrio a oscuras
insalvable
petrificado de miedo
tu silueta
se empequeñece y se confunde
entre los semáforos
mientras te miro
desde los balcones
ahora esto lo escribe el viento
y el frío.
